Cordillera
22 de junio de 2010
Suaves curvas que seducen a mi espíritu,
olas de tierra fértil con marullos de hoja y pasto;
tu presencia se alza inmensa al infinito
bajo el sol que adorna el cielo borincano.
Montaña mía, largo tiempo ya ha pasado,
desde que las almas que algún día te poblaron
cayeron bajo el yugo de aquél que vino del este,
y a su muerte se fundieron con tus verdores templados.
¡Cordillera! Desde tu altura puedo ver el horizonte
y el oro azul que a tu contorno le da nombre;
cuna de dioses fuiste un día para otros hombres
y vidas nuevas se crearon en tus montes.
Oye mi grito, corazón de ceiba y roble:
si es que aún escuchas al pitirre y al sinsonte,
nacer en ti una y mil veces más quisiera
sembrar mi vida aquí y morir en tus laderas.
olas de tierra fértil con marullos de hoja y pasto;
tu presencia se alza inmensa al infinito
bajo el sol que adorna el cielo borincano.
Montaña mía, largo tiempo ya ha pasado,
desde que las almas que algún día te poblaron
cayeron bajo el yugo de aquél que vino del este,
y a su muerte se fundieron con tus verdores templados.
¡Cordillera! Desde tu altura puedo ver el horizonte
y el oro azul que a tu contorno le da nombre;
cuna de dioses fuiste un día para otros hombres
y vidas nuevas se crearon en tus montes.
Oye mi grito, corazón de ceiba y roble:
si es que aún escuchas al pitirre y al sinsonte,
nacer en ti una y mil veces más quisiera
sembrar mi vida aquí y morir en tus laderas.
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