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¿Qué es despertar de arena?

Es ser esa que se esparce y vuela; que se adhiere a la piel como lengua en beso y ahí se queda. La que puede ser fría o caliente, cuando la abrazan se amolda o cuando la lleva el viento puede volar rebelde. Puede ser volátil, insoportable, áspera e incómoda, como las bofetadas a la conciencia; puede ser suave, blanda y fundirse con las aguas de todos los mares. A menudo, como otras, me despierto de arena.

Cuento para mi hijo

13 de julio de 2006

A ti, por todas las veces que hemos vivido este cuento al lado de nuestros Principitos.

















Hijo de mi vida, quiero hacerte un cuento,
un cuento que arrope de luces tu sueño,
un cuento distinto a los cuentos que leo,
un cuento que sienta todo lo que siento…

Me poso a tu lado y aspiro tu aliento
queriendo ser cura para tu tormento;
que el dolor que sientes pase a mis adentros,
convertir tu pena en abrazos de viento.
Miro tu semblante, tu rostro sereno,
mis dedos temblando acarician tu cuello;
mi mano en tu piel va marcando el sendero
y fluye mi cuento sobre tus cabellos…

“Fue una vez un niño de corazón inmenso,
principito sabio en un planeta de ensueño;
dijo entre otras cosas con sus sabios versos
que es invisible a los ojos lo esencial del Universo.
Yo me le acerqué silente, y le dije con respeto:
‘Amigo, tus palabras no me convencieron,
dices que mi vista no ve sentimientos,
mas mi hijo es pura esencia, ¡y yo en todo lo veo!’

Y me dijo aquel pequeño en un susurro lento,
nada rencoroso y con un dulce acento:
‘¡Eres una madre! lo supe de lejos
cuando vi tu alma fuera de tu cuerpo.
No quise ofenderte con mi pensamiento,
sé que tu existencia es puro sentimiento.

Dime, hermosa madre, ¿qué buscas tan lejos?’
Y le dije al niño, ‘Busco un cuento nuevo,
un cuento que sane a mi pequeño enfermo;
un mar de energía y colores intensos;
un río que nazca en mis manos yo quiero,
y alivio le traiga al tocarle mis dedos…

‘¡Ay, qué bella madre, quisiera yo una!’
dijo el principito con ojos de anhelo:
‘nadar en su vientre por más de diez lunas,
sentir que me mima el calor de su seno.
Yo poseo mi rosa, que es como ninguna,
pero no acaricia mis rubios cabellos;
no aspira mi aroma inocente y sincero;
por mi piel su mano no marca senderos.’

‘Quiero yo una madre como la que veo
que cuente mil cuentos que arrullen mi sueño,
que admire conmigo al pájaro en su vuelo,
y abone mi flor en un surco sin tiempo.
Una madre quiero que sea mi lucero,
la luz que abrillante mi universo entero
que vele mis noches y ame con locura
de ella sería eso lo único que espero…

‘Levanta ese peso que lleva tu alma;
no quiere tu niño ningún cuento nuevo,
ni un mar de energía y colores intensos
ni desea tampoco sanar su tormento.
¡Quiere él a su madre! Y sólo con eso
sus flores marchitas él va reviviendo;
ya tienes la suerte, y él tiene la suya
de tenerse ambos, no busques tan lejos…’

Y así se quedó el principito en silencio,
su llanto y el mío unidos en un beso;
lo que ambos buscábamos hallamos a un tiempo,
en aquel planeta de sueños y versos.
Le tomé la mano, sin querer perderlo
y con él volé regresando a tu lecho.
Te miró dormido, suspiró contento
y se fundió contigo desapareciendo.

He aquí la historia, hasta aquí recuerdo;
he vuelto a tu lado al final de mi cuento.
Veo emocionada que ya estás despierto;
tu boca de rosa sonríe y ya entiendo,
tú y mi principito, no son sino uno,
¡aquí está tu madre, no hay temor ninguno!
Principito mío, llegaste a tu puerto
y estaré a tu lado hasta el próximo cuento…

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