Regreso a Collores
22 de junio de 2010
"Ay, si estuviera en mis manos borrar mis triunfos mayores, y a mi bohío de Collores volver en la jaca baya, por el sendero entre mayas, arropás de cundiamores". -Luis Lloréns Torres
Así nos la dejó don Luis, con la esperanza en el aire, con ese anhelo inconcluso de volver a nuestra identidad...y ahí yo la retomo, con el mayor de los respetos, con mucho menos arte poético, pero con más confianza que esperanza en que aún ESTAMOS AQUI, y completamente capaces de volver a arropar de cundiamores nuestro sendero.
Por un sendero entre mayas
y arrancados cundiamores
un jíbaro de Collores
volvió en su jaquita baya.
A la orilla del barranco
donde antes pasaba el río
se acostó en un rincón frío
sobre el peso de su alma
y meditaba con calma
recordando su bohío.
Quién sabe en qué pensaría
y qué angustia le arropaba
cuando sus ojos cerraba
con el rostro en agonía.
La casa ya no existía
ni aquel maternal pañuelo
ni se esfumaban al cielo
los vestigios de aquel humo
tras el verdor de un yagrumo
como el día en el que alzó vuelo.
En el viento, una canción
le servía de triste fondo
a ese agujero tan hondo
que le hería el corazón.
La jaca en su tentación
buscaba pasto frondoso.
Recordó lo delicioso
que era comer del camino
el matojo que el destino
hacía crecer oloroso.
Y aunque no entendía por qué
(sólo estaba en su memoria)
el verdor era ya historia
y a paso triste se fue.
Los recuerdos del café
no eran más que una quimera
mas al pie de la ribera
hizo el jíbaro su nido
donde no llegaba el ruido
ni la nueva carretera.
En honor a aquel pañuelo
y a la memoria del humo
tras el verdor de un yagrumo
se prometió no alzar vuelo.
Se arrodilló bajo el cielo
de aquel suelo borincano
y al mirar su tosca mano
allí descubrió contento
semillas que sobre el viento
buscaban la tierra en vano.
¡Ay, monte que fue mi hermano!
Hoy seré yo tu sustento
y esta semilla, alimento
para que florezca el llano.
¡A tu lado me haré anciano
tierra amada de Collores!
Al valle de mis amores
vuelvo con mi jaca baya
a resembrarlo de mayas
arropás de cundiamores.
y arrancados cundiamores
un jíbaro de Collores
volvió en su jaquita baya.
A la orilla del barranco
donde antes pasaba el río
se acostó en un rincón frío
sobre el peso de su alma
y meditaba con calma
recordando su bohío.
Quién sabe en qué pensaría
y qué angustia le arropaba
cuando sus ojos cerraba
con el rostro en agonía.
La casa ya no existía
ni aquel maternal pañuelo
ni se esfumaban al cielo
los vestigios de aquel humo
tras el verdor de un yagrumo
como el día en el que alzó vuelo.
En el viento, una canción
le servía de triste fondo
a ese agujero tan hondo
que le hería el corazón.
La jaca en su tentación
buscaba pasto frondoso.
Recordó lo delicioso
que era comer del camino
el matojo que el destino
hacía crecer oloroso.
Y aunque no entendía por qué
(sólo estaba en su memoria)
el verdor era ya historia
y a paso triste se fue.
Los recuerdos del café
no eran más que una quimera
mas al pie de la ribera
hizo el jíbaro su nido
donde no llegaba el ruido
ni la nueva carretera.
En honor a aquel pañuelo
y a la memoria del humo
tras el verdor de un yagrumo
se prometió no alzar vuelo.
Se arrodilló bajo el cielo
de aquel suelo borincano
y al mirar su tosca mano
allí descubrió contento
semillas que sobre el viento
buscaban la tierra en vano.
¡Ay, monte que fue mi hermano!
Hoy seré yo tu sustento
y esta semilla, alimento
para que florezca el llano.
¡A tu lado me haré anciano
tierra amada de Collores!
Al valle de mis amores
vuelvo con mi jaca baya
a resembrarlo de mayas
arropás de cundiamores.
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